23 de setembro de 2018

Carta da Viscondessa da Laguna à cunhada, D. Inés (6 de Dezembro de 1836)


Carta da viscondessa da Laguna, Rosa Maria Josefa Deogracias de Herrera y Basavilbaso Lecor, à sua cunhada, Inés Pérez Muñoz, quatro meses após o falecimento do visconde, Carlos Frederico Lecor.

"Rio Janeiro 6 de Diciembre de 1836.

Mi querida hermana

Mucho te agradezco el interés q.e tomas en mi desgracia. El estado en q.e ha quedado mi corazón és ciertamente digno de lástima mi cara Inés, yo quería mucho al Visconde y era por el idolatrada, ¿que mas podía apetecer ni q.e me podrá hoy consolar? 

Mas en fin, querida Amiga, esto mismo me alivia, porq.e nunca puede ser una Muger tan querida sin merecerlo; así pues, la idea de haber hecho su felicidad, me conforta, y el cariño de ustedes me hará pasar el resto de mi vida conforme y tranquila. 

Estimo mucho el estado de buena salud de mis sobrinitos [Juan José, Luis Pedro, María, y Alfredo de Herrera y Perez], así como el cariño q.e has sabido infundirles hácia mi. Los hijos de mi hermano [Luis] siempre serían muy caros a mi corazón querida Inés, mas siendo estos tambien tuyos, tienen mucho mas derechos a mi cariño, y te aseguro, q.e siento por ellos un afecto q.e no te puedo explicar, así como el deseo de conocerlos y abrazarlos. 

Entre tanto que no llega ese dia, dispon como gustes dela verdadera amistad q.e te profesa tu Hermana y antigua Amiga, ROSA"

(Archivo particular de la señora Manuela de Herrera de Salterain, Montevideo).

In: Salterain y Herrera; Eduardo de, "Lavalleja, La Redención Patria" in: Revista Historica, Periodico del Museo Histórico Nacional, Año L - (2.ª época) 1 - Tomo XXV, Montevideo, Marzo de 1956 - Nos 73-75. p. 68

Imagem
Igreja de S. Francisco de Paula, Rio de Janeiro in: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Igr_lgo_s_francisco_rj.jpg


10 de maio de 2018

'El Barón de la Laguna y su Frase Favorita' (Antonio Pereira, 1893)


El Barón de la Laguna era un hombre seductor en toda la extensión de la palabra. 
Cualquiera que hubiera tenido ocasión de haberlo tratado, ó se hubiera acercado á él, era seguro que habría salido convertido en amigo suyo. 
Reunía condiciones especialisimas para atraerse á todas las personas; poseía un carácter bondadoso; tenia modales muy fínos y era en sumo grado atrayente; además que se le tenía por un consumado político.

En el tiempo que dominaron las fuerzas luzo-brasileras, después de la separación de estos últimos de la corona de portugal, cuando quedaron dueños y señores de este país, con el nombre de Provincia Cisplatina, el Barón de la Laguna quedó en el carácter de Gobernador, y por todos los medios trató de conquistarse á los hijos de esta tierra con sus corteses maneras, y particularmente á los que no había podido reducir por las armas.

Con aquella afabilidad característica suya, sedujo al General don Fructuoso Rivera y lo hizo servir bajo sus banderas. 

Lo hizo nombrar Capitán General de la campaña y le dio grados y honores, y tanto lo elevó, que fué Rivera, después de Lecor, la primer figura que sobresalía en la dominación brasilera. 

Y así como á Rivera, que después de haber batallado tanto contra la invasión extranjera como uno de los principales jefes de Artigas, sucumbió á la política astuta de Lecor y lo atrajo á sus filas, hubieron algunos más que se plegaron á los dominadores, pero fueron pocos.

Esto fué debido, más que á otra cosa, á la astucia del dominador, que con habilidad extremada, tendía las redes de tal modo, que caía en ella todo aquel que pudiese hacerle sombra, y de los más empecinados enemigos, sabía conquistarse adictos. 

Era, el Barón de la Laguna, en extremo práctico en las cosas de la vida, y estaba dotado su natural de una filosofía positivista en grado extraordinario ; sabia hacerse querer por todos, así es que mientras tuvo las riendas del Gobierno en sus manos, no dejó de manifestar su evidente empeño en hacer olvidar la conquista, que bajo pretexto de pacificación, se había apoderado de esta bella y rica región.

Así es, que bajo su Gobierno, la tolerancia no dejó de predonninar, y las relaciones se establecieron entre muchos orientales y brasileros, uniéndose algunos de éstos con hijas del país que los hicieron ligar más y más á esta tierra. 

Como hemos dicho, la táctica establecida para acapararse la buena voluntad de los orientales, dio en parte sus resultados, pues se captó á cierto número, que distinguió Lecor con buenos empleos y beneficios. Las famosas guerrillas que dieron bastante que hacer entonces, casi en su totalidad, eran compuestas de hijos del país, en donde se encontraban los Llerenas y otros. 

En la época aquella en que parecía que el do-minio extranjero se podía casi afirmar había sentado sus reales en el país, para no ser despojado de la usurpación, alguno de sus hijos que no habían querido doblegarse ante las huestes extranjeras, y conservaban ardiente en sus corazones el sagrado culto de la libertad, hostilizaban de todas maneras al usurpador y trabajaban con fe y ardor por sacudir el yugo opresor. 

Lecor era sabedor de ello, y tolerante como era, hacía vista ciega á sus trabajos, tal vez no dándoles mayor importancia, pues con los medios con que contaba el ejército de que disponía, se consideraba bien seguro.
Á más que tenía al General Rivera á su servicio, el único caudillo que creía podría hacerle sombra é intentar algo formal, por el prestigio que tenia en la campaña y por sus aptitudes personales. 
También las relaciones del Brasil con el Gobierno Argentino eran cordiales, al extremo que éste no sólo había tolerado la conquista de este país, sino que hasta en perseguidor se había convertido de los orientales patriotas, que tenían que vivir ocultos en donde creían haber podido encontrar refugio. 

El General Lavalleja, el jefe de los Treinta y Tres denodados patriotas, sufrió la prisión y reclusión de muchos años de aquel Gobierno, por reclamos de Lecor, y así como Lavalleja, el General Medina en Entre-Ríos fué preso y se le pusieron barras de grillos, y otros muchos más, sólo porque conspiraban contra el dominio extranjero y por la libertad de su país. . 

Lecor confiaba demasiado en la sinceridad del Gobierno Argentino, ó mejor dicho, el Brasil, y tarde le vino el desengaño. Es extraño que un hombre tan perspicaz, pudiera adormecerse con una política tan solapada como la que usaba aquel Gobierno, que aunque parecía leal, en su ánimo existía el deseo de que se libertase este país. 
Verdad es que el torrente de la opinión pública lo arrastraba á esto último, pues el pueblo argentino todo estaba de acuerdo en que era una ignominia que la Provincia Oriental estuviese en poder de los brasileros, y conspiraba con los Orientales para darle libertad y emanciparla del poder extranjero. 

Sabemos los resultados que esto dio, que fué el triunfo de la emancipación de este pais del poder extranjero, que tarde ó temprano tenia que suceder, pues no era posible que un pueblo que tantos sacrificios habla hecho por la libertad^ no sacudiera el yugo opresor. 
Entre las dotes que distinguían á Lecor, habia algo que lo hacía notable y era su carácter ocurrente. 
Entre muchas de sus frases, célebres aun hoy, se recuerda la que empleaba en infinidad de casos cuando había alguien que protestaba contra sus medidas, á lo que con mucha flema decía : 

«Protestas e caldo de galinha é o mesmo». 

Y otras veces decía : 
« Protestas e caldo de galinha no fazen mal a ninguem». 

El General Rivera le tomó mucho en su modo de ser á Lecor; fué un digno discípulo suyo, pues sus maneras y la suavidad de su política, en que predominó hasta cierto grado la tolerancia en todo, fué inspirada por el ejemplo que había dado Lecor durante su permanencia en el pais. 
Y aún muchas de sus ocurrencias eran tomadas en gran parte de aquél, á pesar de que ponía mucho de su parte, pues es innegable que poseía una inteligencia natural que verdaderamente sorprendía. 
Tan suave era Lecor, que aun ya pronunciada la revolución, no se hizo notable por medidas brutales contra los que en la ciudad misma trabajaban por su triunfo, y aunque eran estrictamente vigilados, podían comunicarse con los patriotas, y en aquella época, en que aun las mujeres mismas ponían manos á la obra de libertar la patria, otro más severo que Lecor, nada tampoco habría conseguido, pues que á un pueblo que quiere ser libre, no hay barreras que se le resistan ni diques que no rompa.

Fonte
PEREIRA, António N., Cosas de Antaño: Bocetos, perfiles y tradiciones interesantes y populares de Montevideo, Imp. El Siglo Ilustrado, Montevideu, 1893. pp.171-176

9 de maio de 2018

José Tomás Bocaciari


JOSÉ TOMÁS BOCACIARI nasceu em 1772, na freguesia do Loreto, onde residia muitos imigrantes italianos, em torno da Igreja dos Italianos. Sendo estudante, assenta praça e jura bandeiras a 21 de Outubro de 1792, na 1.ª companhia de granadeiros do Regimento de Infantaria de Lippe, futuro n.º1. Com 21 anos é reconhecido Cadete, a 6 de Outubro de 1793. De acordo com o livro mestre regimental, tinha 1 metro e setenta, cabelos loiros e olhos azuis.

A 1 de Março de 1797 é promovido a tenente da 4.ª companhia de infantaria da recém formada Legião de Tropas Ligeiras, com patente de 6 de Abril. Após participar na campanha de 1801, na área da Beira Baixa, é promovido a capitão da 7.º Companhia da Legião em 24 de Junho de 1802. 

A 26 de Março de 1805, é promovido a sargento mor e ajudante de ordens do 3.º marquês de Alorna, no governo de armas do Alentejo, juntamente como o tenente coronel Carlos Frederico Lecor. Em Abril de 1808, foge para a esquadra inglesa e terá ido para Inglaterra, de onde seguiu para ao Brasil. De acordo com o marquês de Fronteira, ambos os ajudantes de ordens terão conjurado para tentar convencer o seu general a fugir para a esquadra britânica.

Já no Brasil, a 21 de Março de 1809, é graduado em tenente coronel, adido ao Estado Maior do Exército. Pouco se sabe sobre o seu percurso até 1817.

Por volta de Junho de 1817, é promovido a coronel ajudante de ordens do novo capitão general da Bahia, o conde de Palma, D. Francisco de Assis Mascarenhas. Terá chegado a Salvador já em 1818.

Em 5 de Novembro de 1818, como coronel de cavalaria, é graduado a Brigadeiro com o exercício de ordens ao Governo da Bahia. A 13 de Maio do ano seguinte, é promovido a Brigadeiro efetivo.

Em 1821 está entre os oficiais que juram a constituição, e é feito prisioneiro a 15 de Novembro desse ano por estar envolvido nos eventos de 3 de Novembro, por ser do partido 'felisbertino', e enviado a Lisboa.

A 2 de Janeiro de 1822, após uma viagem de 48 dias para Lisboa, no bergantim Carvalho Sexto o então brigadeiro comete suicídio ao que tudo parece às 19 horas, lançando-se à água entre S. Julião e o Bugio, à entrada do Rio Tejo.

19 de abril de 2018

António e Jorge Lecor vão para a Artilharia (1789)


Mais uma pequena contribuição para o conhecimento da família Lecor, neste caso os dois irmãos mais novos de Carlos Frederico e os que primeiro entraram no Exército. Os elementos foram retirados do livro mestre regimental n.º 6 da Infantaria de Faro e referem a sua transferência para o regimento de Artilharia do Algarve, em função de serem declarados 'cadetes' de artilharia. Ao contrário da infantaria, onde eram declarados cadetes de facto, os 'cadetes' de artilharia estavam nas fileiras das companhias como praças e sargentos, até serem promovidos a patente, normalmente de 2.º Tenente.

O regimento de infantaria, apesar de se chamar de Faro, já há algum tempo que estava aquartelado em Tavira, a capital, então, do Algarve. Junto a ele funcionava a Aula Regimental, leccionada pelo tenente coronel José Sande de Vasconcelos.
Apesar de residirem em Faro, António e Jorge Lecor incorporaram-se ao regimento de infantaria, muito possivelmente para frequentar a referida aula, essencial para a carreira de um oficial de artilharia.

O decreto de 30 de julho de 1762, referido como a legislação sob a qual a transferência dos dois irmãos acontece, indica que o general local pode aprovar sem mais formalidades a transferência dos efetivos para a artilharia. Obedecia a uma tentativa de preservar a integridade da formação dos novos oficiais de artilharia.

Livro nº 6 - Livro de Assentamentos dos Oficiais e Praças do do Regimento de Infantaria de Faro, de 1788 a 1795. (PT/AHM/G/LM/B-14/06)

Soldados da 2.ª companhia do tenente coronel


[f. 63]

95  p.  
Antonio Pedro Lécor
idade: 19
5 pés 4 ½ polegadas [1,64 m]
cabelos louros
olhos azuis
De Lisboa
Solteiro
tempo do juramento: 10 Março 1788
Cazualidades: Passou para o Regimento de Artilharia deste reino. Baixa a 16 de julho de 1789.
Fiador: Voluntario. Filho de Luiz Pedro Lecór, fiador seu thio Antonio Pedro Bouiz [Buys]
Observações: Por ordem do do Marechal de campo Agostinho Janssen Moller, governador interino de armas deste reino, se lhe fez a passagem na conformidade do decreto de 30 de julho de 1762.

[f. 65]

95  p.  
Jorge Frederico Lécôr
idade: 17
5 pés 3 polegadas [1,60m]
cabelos louros
olhos azuis
De Lisboa
Solteiro
tempo do juramento: 10 Março 1788
Cazualidades: Passou para o Regimento de Artilharia deste reino. Baixa a 16 de julho de 1789.
Fiador: Voluntario. Filho de Luiz Pedro Lecór, fiador seu thio Antonio Pedro Bouiz [Buys]
Observações: Por ordem do  Marechal de campo Agostinho Janssen Moller, governador interino de armas deste reino, se lhe fez a passagem na conformidade do decreto de 30 de julho de 1762.

[Não localizei a certidão de batismo de Jorge Frederico, que calculo seja ou 1771 ou 1772, mas esta informação parece localizar o seu ano de nascimento em 1771.]

Fonte
Arquivo Histórico Militar

Imagem
Ponte romana, em Tavira.

11 de abril de 2018

Medalha do Barão da Laguna, ou de Distinção do Exército do Sul


Medalha de Distinção do Exército do Sul, também conhecida como Medalha do Barão da Laguna, dada por serviço em campanhas no sul do Brasil entre 1811 e 1824, foi criada pelo Império do Brasil a 31 de Janeiro de 1823 e regulada a 18 de Fevereiro do mesmo ano. Era conferida ao general em chefe e demais oficiais generais, oficiais, sargentos e praças que compõem o exército e esquadra, assim com aos empregados civis com graduação militar.

Desenho
Uma cruz de quatro braços iguais encimada pelo timbre da Casa de Bragança (um dragão alado); no centro da cruz, um círculo. Ouro para os oficiais generais; prata para os demais oficiais e metal branco ou estanho fino para as praças e empregados civis assemelhados.


Anverso: Em campo azul, um ramo de oliveira sobre o cerro de Montevidéu; na orla do círculo central, a palavra “MONTEVIDEO” e dois ramos; nos braços da cruz, a inscrição dos anos que cada agraciado estivesse em serviço na Cisplatina desde 1817. Um ano é só marcado no braço superior; dois vão nos braços laterais; 3 no superior e laterais; 4 em todos os braços; 5 nos quatros de um lado e no superior do outro e por aí adiante, sendo os braços vagos ocupados por rosáceas.
Reverso: Em campo verde, a legenda “PETRUS I.B.I.D.”, significando Petrus, Primus Brasiliae Imperator, Dedit (Pedro Primeiro Imperador do Brasil deu); na orla, uma coroa de louros.

Fita
Verde, com as bordas amarelas; sobre a fita, um passador de metal com o ano MDCCCXXII (1822).

Uso

Deveria ser usada no lado esquerdo do peito. Os oficiais generais podiam, nos dias de grande gala, usá-la ao pescoço.
De forma a ter direito ao uso, era requerido que o Barão de Laguna, Carlos Frederico Lecor (1764-1836) lhe houvesse expedido o título competente, por ele firmado e selado com o selo imperial do exército, indicando o nome da pessoa, a qualidade de metal de que deve ser feita e o ano ou anos em que foi merecida.

Fontes
- Regulação para a distribuição da Medalha de distincção (...), 18/2/1823, Conselho Supremo Militar.
- CMG Léo Fonseca e Silva (redator), Marinha do Brasil: Medalhas e Condecorações, Serviço de Documentação Geral da Marinha, Rio de Janeiro, 1983

Esta é a republicação de uma outra postagem no blogue Clio & Marte, que pode ver aqui.

28 de março de 2018

Apontamentos sobre a formação de oficiais de Artilharia no Algarve da década de 1790


A Aula Regimental do Regimento de Infantaria de Faro oferece-nos duas curiosidades. A primeira, e que pode causar mais confusões é que se localizava em Tavira, 40 quilómetros a leste de Faro, a capital política do reino dos Algarves dessa época. Na verdade, fácil de explicar, dado que o regimento de infantaria (que virá em 1806 a ser o n.º 14) se havia mudado em localização, em meados do século, mas não ainda, em 1793, em nome.
Dos quatro regimentos de artilharia que existiam nesta altura, Lisboa, Estremoz e Porto, apenas o da Guarnição do Algarve não tinha a aula junto ao regimento.

Descentralização do RAGA

Na verdade, é por isto que Carlos Frederico, decidindo-se alistar, obteve um posto em Tavira ou perto, de forma a frequentar as aulas do Coronel José de Sande Vasconcelos. Entrou como Soldado Pé de Castelo no Forte de São João do Registo da Barra de Tavira, em Cabanas de Tavira. Durante os seis meses que Lecor prestou serviço no Forte, tendo atingido o posto de sargento, também frequentava a aula regimental, de forma a preparar-se para exames de acesso ao oficialiato. 

Carlos Frederico assentou praça de voluntário e jurou bandeiras, perante um oficial do Forte de S. João, (guarnição), e o capelão, a 13 de Outubro de 1793, exatamente quando se iniciava o período letivo na aula do Coronel Sande de Vasconcelos, a poucos quilómetros. 

Quatro dias por semana, com descanso à quarta-feira, Carlos e os seus camaradas do regimento e de outros fortes das redondezas, aprendiam, numa sala da vários níveis de desenvolvimento, os princípios matemáticos teóricos e retirar, como dizia o Conde de Lippe, vinte anos antes, aprender “a arte de tirar de um pequeno número de factos conhecidos consequencias geraes para os factos incognitos”. No Inverno, as aulas eram das 9 ao meio-dia, no Verão, das 8 às 11 horas. Com alguma preparação matemática que a sua educação burguesa lhe ofereceu, principalmente sendo filho de um pedagogo, e criado no seio de famílias de homens de negócios, comerciantes de grosso, é certo que a primeira matéria do curso, a Matemática, não deve ter oferecido ao jovem soldado grande dificuldade.

Adicionar legenda
O Novo curso de Mathematica para uso dos officiaes Engenheiros, e Artilheria foi originalmente escrito em 1725 por Bernard Forest de Bélidor (1698-1761), tendo sido atualizado, se não em outras ocasiões anteriores, em 1757, quatro anos antes de Mr. Bellidor falecer, em 8 de setembro de 1761. 
Mais do que simplesmente um manual de Matemática, era feito especificamente para artilheiros e engenheiros, com aplicação militar direta. A sua tradução em português, feita pelo capitão Manuel de Sousa, veio em 1764, um ano após o decreto que regulamentou as aulas regimentais, assim como os exames de acesso. Nas aulas regimentais, o ‘curso mathematico de Belidoro’ é constantemente citado como a base da instrução de um oficial de artilharia do início de 1790, que poderia depois, completado ‘o estudo dos dezasseis livros de Bellidor’, especializar-se em fortificação, minas, arquitetura, engenharia.

Aos sábados, em período letivo, os cadetes, de todas as patentes, conforme o tempo de serviço – anspeçadas, cabos de esquadra, sargentos –, iam para o campo realizar exercícios de campo, onde as teorias da semana eram explicadas e experimentadas.


* * *

Contactem-me nos comentários, para bibliografia, que a tenho presente em qualquer altura.

Leia também
- O APELO D'ARMAS, OU UMA FAMÍLIA DE PORTUGUESES NO INÍCIO DAS GUERRAS REVOLUCIONÁRIAS
- Lecor aluno universitário na Real Academia de Marinha (1794-1795)

Imagem ao topo
Pormenor da fortaleza de S. João da Barra de Tavira, em Cabanas de Tavira.

26 de janeiro de 2018

Soldados Velhos não Morrem…


‘Quem sois vós? Eu sou um homem. Que cousa é hum homem? He hum animal que discorre.De que he composto o homem? De hum corpo mortal, e de huma alma immortal.’ 
Luiz Pedro Lecor, Lição preliminar. Educação de Meninos, 1746


Rio de Janeiro, 4 de Agosto de 1836

É noite. O cortejo fúnebre move-se lentamente pelas ruas. Por cada igreja onde passa, desde o seu início, na rua do Aterrado, junto à ponte, até à Igreja de S. Francisco de Paula, no centro da cidade, os sinos tocam em reverência ao ilustre defuncto. Entre as pessoas se vai sabendo de quem se trata. O visconde da Laguna – Carlos Frederico Lecor. Licor. Licores. Benzem-se e ajoelham-se. ‘Que belo cortejo, santo homem’, dizem. 

Alguns, mostrando reverência, não deixam de contar menos um português, ainda com os acontecimentos de 1831 frescos na memória, mas também vendo passar um Marechal do Exército Brasileiro, fiel desde o início ao imperador D. Pedro e à Regência depois.

Chegando ao espaço aberto do Campo de Santana e passando entre o poço e a igreja paroquial, mais facilmente se pode observar o conjunto fúnebre. 
Na frente, duas filas paralelas de homens, empunhando tocheiras acesas, marchando vagarosamente; logo atrás, o coche, a dois cavalos, carregando o caixão. Atrás deste, uma carruagem, levada por quatro cavalos; nela, a viúva, D. Rosa, o irmão, Brigadeiro João Pedro, a sua esposa D. Erigida, e o padre cura de Santana, paróquia do falecido.


Rossio, Rio de Janeiro, Jean Batiste Debret

Os dados são escassos quanto ao percurso que foi tomado, mas não é difícil pensar numa passagem pelo Rossio (atual Praça Tiradentes, então Praça da Constituição), de onde, nessa altura, se avistava os imponentes campanários da igreja de S. Francisco, o destino final, ao alto, virados a Norte.

À porta da igreja, no largo, os convidados esperam a chegada do coche transportando o visconde. Esperam-no para a derradeira despedida, o último ato público do marechal. O ambiente de tristeza é emoldurado pelos muitos uniformes imperiais, o desbroados dourados, as condecorações.

Da mesma forma que o seu padrinho, em Faro, também a devoção a S. Francisco levam Carlos Frederico, crente, a ser enterrado na sua última morada das catacumbas da igreja. Também o seu irmão João Pedro, agora vivo e enlutado, será, oito anos depois, ali chorado e sepultado, perto do irmão mais velho.


* * *

Igreja de São Francisco de Paula, Rio de Janeiro (wikicommons

Dies magna et amara valde

Não se percebe claramente nos presentes, mas há em muitos deles, soldados, naquele momento, as memórias do Sul, da Cisplatina e Montevidéu. Em alguns até, memórias mais antigas da fase final da guerra peninsular, dos campos de Saint Pierre de Irube, de Toulose e Zugarramurdi. Em poucos, já, as memórias, apesar de tudo não tão distantes assim, de Castelo Branco, da Ponte de Murcela, de Alhandra, ou até mesmo das guarnições do Algarve, onde foi soldado.

É quando alguém morre que finalmente pensamos no que fez, e no que foi. A morte de alguém impere-nos ao perfeito, à conclusão do ciclo, à possibilidade de concluir. Na conversa entre camaradas, à espera do cortejo fúnebre, a vê-lo chegar às escadarias, essas memórias ganham ainda mais vida, trazendo ao presente esse perfeito que a morte permite. Ao parar o coche, porém, calam-se as vozes e despede-se o homem que cessou. O caixão entra.

A encomenda do corpo é conduzida pelo reverendíssimo Procomissário da Ordem Terceira de S. Francisco, acompanhado de 24 sacerdotes, além do pároco de Santana, e quatro sacristãos. A cerimónia decorre no fausto apropriado, seguida por um Libera Me de música, acompanhado intensamente pelos presentes. 
A peça musical poderia muito bem ser o nono responsório do padre José Maurício Nunes Garcia, seu contemporâneo, muito apreciado na corte, onde também Sigismund Neukomm, mais recente, que se propôs a terminar o Requiem de Mozart, enquanto residia no Rio.

Libera me domine de morte aeterna in die illa tremenda quando caeli movendi sunt et terra dum veneris judicare saeculum per ignem.Liberta-me senhor da morte eterna. Quando os céus e a terra se revirarem, então virás julgar os povos através do fogo

Tremens factus sum ego et timeo dum discussio venerit atque ventura ira dies illa. Dies irae calamitatis et miseriae Tremo e tenho medo, quando o abalo vier juntamente com a fúria futura. Naquele dia de ira, de calamidade e miséria

Dies magna et amara valde dum veneris judicare saeculum per ignem.Dia grande e por demais amargo até que venhas julgar a eternidade pelo fogo

Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis…Dá-lhe o descanso eterno, Senhor, e que a luz perpétua o ilumine.

Kyrie eleison.

Requiescat in pace.
Senhor, tem piedade de nós.
Descanse em paz…

Já sem instrumentos, apenas as vozes ecoam, arrastadas, solenes e penumbres pelas paredes do templo. ‘Requiescat in pace’… Descanse em paz.


Catacumbas de Ordem, Jean Batiste Debret

Baixam todos às catacumbas da igreja onde as últimas palavras são enunciadas, o corpo recomendado. Todos os confrades de S. Francisco, mas também antigos camaradas, por ordem de antiguidade na irmandade terceira, abençoam o corpo com água benta. Depois colocaram cal. Fechou-se o caixão. Os assistentes colocam o caixão na sepultura atribuída na catacumba n.º 117.


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Requiescat in pace


Voltemos atrás dois dias. Rio de Janeiro, 2 de Agosto de 1836. Falece, com 72 anos e 10 meses, o Marechal do Exército Carlos Frederico Lecor, Visconde de Laguna, Grande do Império, Grã Cruz honorário da Ordem da Torre e Espada, Comendador da Ordem Militar de Aviz, Oficial da Imperial Ordem do Cruzeiro. Pouco se sabe da sua doença, apenas que terá sido prolongada, pelas contas do médico e do boticário. Reflexos sem dúvida de uma vida de campanhas, desde 1795, 40 anos a cavalo e em tendas, na dura vida castrense.